Una mano en la espalda
que susurra FUERZA.
Y no importa cuantas cadenas
me atrapan a la rutina,
las veces que me oculte
bajo un manto de impaciencia.
Ella pisa el reloj,
rompe el cristal que lo gobierna
y me enseña que las agujas
también pueden dejar de girar
mientras la vida sigue.
Y sigue con ella, junto a ella,
junto a esos ojos
que rebosan inquietud y esperanza,
mezclada con la perspicacia
que la conforman
como un ser inigualable.
Y no sé explicar
como el momento y el lugar
se dispusieron,
tuve que encontrar un reflejo
de todo lo que soy y no soy,
para que cada mañana
agradezca ser yo misma
y sonría por lo que ella es,
lo que somos siendo dos.
Intenso el camino
verde como su mirada,
que me empuja a seguir
aprendiendo de ella,
luchando por demostrar
que nos queda todo el tiempo
que queramos regalarnos
para convertirlo en arte,
lágrimas y recuerdos.
Orgullo y Miradas.
Alegría y Amistad.
ELLA. CLAUDIA.
GRACIAS.
P.D. Te quiero. Te lo digo poco, pero lo pienso mucho.
