Conquista sin fin,
de cada bocanada de espíritu.
Porque ya no me conforma un ser,
ni yo misma registro mi silueta
y la belleza que supone me embriaga.
Nada puede afirmar que hay un mí
sin nos, ni miseria que se asemeje.
Detrás de mi vida no se esconde nada;
aunque los secretos se despliegan
y mis ojos confusos se cierran
a la espera de una salida,
siempre aparece Él como luz repleta
de sed de conocer y de regalar
cada suspiro de su mente.
Y yo me entregó a la causa y a Él,
su corporeidad me evoca paz,
y su alma atrapa mi esperanza.
Jamás libre, siempre presa
del tierno placer de ser por Él
y para Él, como pequeñas esporas
que pretenden amarrarse a su vida.
Y sin expresar nada, y sintiendo todo,
el amor por una piel, por su saber
y por convertir futuro en eternidad.