martes, 22 de octubre de 2013

Tatuajes secretos.

El otro día, divagando en mi rareza habitual intenté recordar que tatuaje quise tener desde siempre. Y sin pensarlo mucho lo recordé. Y de golpe, mi cerebro se plagó de momentos pasados.

RESIST.

Simple, conciso, pero con tanta historia escondida que daría para un buen tomo de biblioteca. 
Como es inevitable, esto me invitó a sonreír recordando a Gale, a Randy y a Emmett, a un tiempo difícil que  me colorearon casi sin darme cuenta, y pensé "sí, ellos me salvaron". Y siguen, y seguirán siempre en mí.

Pero no. Ese pensamiento es una verdad a medias. No fueron ellos, sino ella.
La que me acompañaba en cada capítulo -real o ficticio- de una vida complicada. 
La que un día me hizo ver que la soledad compartida tiene mucho de bonito. 
La que ha derramado lágrimas, alegres y tristes, a mi lado. 
La que me abrió los ojos, el cerebro y, aunque nos cueste reconocerlo, también el corazón. 
La que me ha enseñado que ser tan grande como ella es a base de luchar contra ejércitos de dolor.
La que ha compartido dormitorio, confidencias y maquillaje en su piso o en mi sótano. 
La que me llevó a descubrir las noches, sobrias o ebrias, pero plagadas de sinceridad y olvido.
La que me ha descubierto series yankis (y me ha ayudado a entenderlas). 
La que ha conseguido hacerme sonreír casi con solo recordarla.
La que prometió cambiar el mundo conmigo, en un cuarto diminuto.
La única que entiende cualquier tontería que haga o diga, porque siempre será nuestra tontería.
La que me hace llorar de alegría sabiendo que ahora es feliz.

No me quedan palabras para agradecerte cada cosa. Pero lo más importante es que quiero que recuerdes que me salvaste, del mundo y de mí. Y eso solo puede hacerlo alguien con el corazón tan grande como el tuyo.

Si digo Puzzlewoman sabrá que es. Si digo que la quiero, espero que me crea. Si digo que para siempre, espero que así sea.

María. Ajo. Querida. Darlin'. Cherrie.